—Este cretino quiere que le tengan por un cristiano—dijo el coronel Bremond, celebrando él mismo su juego de palabras.

El Tonto hizo como que se resignaba y comenzó á marchar despacio al frente de la columna con su perro, cojeando, parándose cuando le venía en gana.

El Tonto y el sargento afrancesado hablaban con algunos viejos pastores y leñadores, que daban informes falsos y corrían al poco rato á comunicarnos noticias.

Nosotros sabíamos cada cinco minutos la situación exacta en que se encontraba el enemigo.


V
EL PORTILLO DE HONTORIA

A media mañana apareció la cabeza de la columna en la entrada del desfiladero, en el Portillo de Hontoria.

Los franceses habían destacado, de vanguardia, un pelotón de dragones, que iba registrando los bosques y los escondrijos.

Al llegar los exploradores al Portillo se detuvieron y esperaron á que subiese el coronel y diese sus órdenes.