—Es un mendigo—contestó un sargento español afrancesado que servía á la columna de intérprete.

—Preguntadle á ver si sabe dónde está Hontoria del Pinar.

El sargento hizo la pregunta.

—Sí sabe—dijo después.

—Dígale usted, entonces, que nos sirva de guía.

—Dice que no quiere; que él no tiene nada que hacer en Hontoria.

—Adviértale usted, sargento, que si no obedece le daremos una tanda de palos.

El sargento hizo la advertencia, y el Tonto comenzó á refunfuñar:

—¡A un viejo le van á pegar! ¡A un viejo! Eso no es cristiano.