EL TONTO
A la proximidad de los franceses, los habitantes de la Gallega huyeron, en su totalidad, á los montes. Las tropas de Bremond no encontraron más persona de quien echar mano para guía que un mendigo apodado el Tonto.
El Tonto era uno de los espías del cura; sabía fingir la imbecilidad á la perfección.
Hablaba de una manera confusa é incoherente.
Tenía una cara seca, arrugada, amarilla; unos ojos entontecidos; los dientes movedizos, la barba rala y mal afeitada.
Vestía anguarina gris, con retazos de colores, que llevaba echada sobre el pecho con las mangas hacia la espalda. Su cabeza, melenuda y blanca, la cubría un sombrero ancho pardo y destrozado.
Andaba encorvado, exagerando su cojera, y le acompañaba un perrillo de lanas, sucio por el polvo.
El Tonto se dirigió á los franceses y les pidió limosna.
Bremond y Fichet se acercaron á él.
—¿Qué quiere este hombre?—preguntó Bremond.