—Ni se atreverán—agregó Bremond con la proverbial petulancia francesa.
Discutieron entre el coronel y los oficiales el plan de la marcha, teniendo en cuenta la posibilidad de una emboscada, y se decidió seguir á Soria, reconociendo los bosques y los desfiladeros del camino.
El coronel Bremond no temía el encuentro con una partida, pero tampoco lo deseaba.
Le habían hablado de las tretas de Merino; sabía que el cura-brigante era maestro en emboscadas y estaba sobre aviso.
El lazo podía haberse preparado; pero ¿en dónde?
El cerebro del coronel, que no era precisamente el de César, comenzó á estar en prensa.
Toda la maquinaria encerrada en su pequeño cráneo crujía como un cabrestante.
Bremond, después de vacilar y suponer si la emboscada del cura estaría preparada en el camino de Barbadillo á Burgos, ó en el de Barbadillo á Soria, decidió seguir adelante.
Bremond dió la orden de avanzar hacia Hontoria. Tardaron dos días en llegar desde Barbadillo hasta la Gallega.