Entonces toda la línea enemiga se batió admirablemente. Se detenían unos y recogían los heridos mientras los otros disparaban. Después continuaban de nuevo la marcha.
En tanto, los pelotones franceses que se habían agrupado en la salida del desfiladero al mando del comandante Fichet, se acercaron á la loma en donde estaba el Jabalí y le desalojaron de ella. El Jabalí tenía orden de Merino de no trabar combate y de retroceder.
VI
NUEVO ATAQUE
A pesar de aquel terrible fuego de fusilería largo y continuado, los franceses no tenían, al reunirse fuera del desfiladero, mas que sesenta ó setenta bajas, entre muertos y heridos.
En los caballos se había hecho un gran destrozo; quedaban muchos en el camino.
A todo lo largo de la calzada se veían animales pataleando entre hombres muertos.
Nosotros, desde el cerro donde estábamos, retrocedimos hasta el Portillo y embocamos el desfiladero.
Nos pusimos al habla con los guerrilleros que ocupaban el fuerte natural de la entrada.