LUCHA FEROZ
El Brigante nos mandó cargar y los franceses se declararon en fuga, dejando en el campo algunos cadáveres, entre ellos el del comandante Fichet. Más lejos se rehicieron de nuevo.
El escuadrón del Jabalí había aparecido á interceptarles el paso, y volvían de nuevo á encontrarse rodeados de guerrilleros.
El nuevo jefe francés, menos sabio que Fichet, dividió su fuerza en varios pelotones de á pie y de á caballo y los alejó unos de otros de una manera excesiva.
Aquélla fué su muerte. Nuestro escuadrón, en combinación con el de Burgos, dividió y aisló á los pelotones franceses más numerosos. Intentaron ellos establecer el contacto, los rechazamos nosotros, y desde entonces tuvieron que batirse á la desesperada, sin orden ni concierto. La lucha era incesante.
Nuestros escuadrones en masa subdividían más y más á los franceses. Los guerrilleros iban rematando á los heridos.
Parecía una lucha de demonios; todos estábamos desconocidos, negros de sudor, de barro y de pólvora.
No se daba cuartel.
Los heridos se levantaban, apoyaban una rodilla en tierra, disparaban y volvían á caer. Un francés, chorreando sangre, se erguía y atravesaba con el sable á un español. Otro hundía la bayoneta en el vientre de un moribundo.