Un guerrillero herido sacaba la navaja, llegaba á un francés y le hundía la hoja en la garganta.

Muchos de los nuestros no tenían municiones y cargaban el trabuco con piedras, otros utilizaban sólo el arma blanca.

Hasta el completo exterminio no acabó aquella lucha de fieras rabiosas. Unicamente veinte ó treinta gendarmes y otros tantos dragones, dirigidos en su retirada por un sargento, lograron escapar.

Todos los demás murieron; algunos, muy pocos, quedaron prisioneros; el campo quedó sembrado de muertos...


Desde entonces, á aquel vallecito próximo á Hontoria se le llamó el Vallejo de los Franceses.


VII
DESPUÉS DEL COMBATE

...Y se acercaba el crepúsculo. Bandadas de cuervos venían por el aire, preparándose para saborear el gran banquete que les dábamos los hombres.