Lara y yo nos acercamos á socorrerle; pero Fermina la Navarra, amartillando su carabina y poniendo el cañón en la boca del herido, gritó:

—Toma agua—y disparó á boca de jarro, deshaciéndole el cráneo. Los pedazos de sesos me salpicaron la ropa y las manos.

Lara se indignó. Rápidamente desenvainó el sable y se quedó luego sin saber qué hacer.

—¡Ese asqueroso francés!—exclamó ella—. ¡Que se muera!

COMENZABA EL CREPÚSCULO

Decidimos llevar el cadáver de Martín sobre un caballo.

Volvimos á montar. Comenzaba el crepúsculo y aumentaba nuestra tristeza.

Íbamos marchando hacia Hontoria, cansados, embebidos en nuestros pensamientos, cuando nos soltaron una descarga y vimos que el Brigante se inclinaba en su caballo.

Lara y dos guerrilleros que estaban cerca de él fueron á socorrerle y le sujetaron en sus brazos.

—Son los nuestros—dijo el Tobalos.