Me pareció imposible alcanzarle.
EL CORONEL BREMOND EN LA VID
El coronel Bremond estaba á media tarde en Peñaranda, y después de dar un refrigerio á los hombres y un pienso á los caballos emprendió la marcha por San Juan del Monte y llegó al monasterio de la Vid á prima noche.
El coronel, á pesar de hallarse gravemente herido y febril, antes de entrar en el convento inspeccionó sus alrededores.
Vió el puente de sillería sobre el Duero; puente largo de doce ojos, estrecho, fácil de defender.
Mandó á sus soldados rendidos, hiciesen un parapeto con carros, vigas y piedras, y puso allí dos hombres de centinela.
El convento quedaba oculto por una cortina de chopos, y ordenó á los granjeros de la Vid cortaran en seguida las ramas de los árboles más próximos al puente.
En las ventanas del monasterio quedarían cuatro centinelas.
Dadas sus disposiciones, se decidió á entrar en el convento.
Los frailes le apearon de la yegua y le acostaron en la cama del abad don Pedro de Sanjuanena. El abad era natural de un pueblo de Navarra, y, cosa rara en un fraile de la época, un tanto liberal y afrancesado.