La mayoría de los guerrilleros sentían un localismo tan exagerado, que consideraban que del Duero para abajo y del Ebro para arriba acababa España.

ME LLAMA EL CURA

Por la noche supimos que el cura venía avanzando con el grueso de su partida á Hontoria de Valdearados, y á la mañana siguiente me mandó un recado para que me avistara con él.

Supuse yo si su objeto sería instalarse en Zazuar y en Fresnillo de las Dueñas, con lo cual podía dejar dividida la guarnición francesa de Aranda en dos partes: doscientos cincuenta hombres en el convento de la Vid, aislados y sitiados, y trescientos en la ciudad. No era difícil, seguramente, atacarlos sucesivamente y vencerlos.

En el caso de que se decidiera á esto, yo abandonaría mi proyecto de deserción, al menos por entonces.

Me adelanté á Hontoria de Valdearados, dejando á Lara en el mando.

Merino no pensaba en sitiar la Vid ni Aranda; no se atrevía á un ataque tan en grande.

—¿Tú qué harías si estuvieras en mi lugar?—me preguntó.

—Yo, sitiar el convento y atacarlo.