Bontemps pensaba marchar con toda la velocidad posible y recorrer en cinco ó seis horas las tres leguas y media que hay desde la Vid á Aranda de Duero.
Hechos los preparativos, al anochecer se retiraron los húsares de la avanzada de San Juan del Monte y se unieron con los expedicionarios.
Colocaron en la camilla un jergón, dos colchones y varias almohadas, para que el coronel Bremond fuese sentado. El comandante Bontemps envió un propio á los soldados del puente de Vadocondes avisándoles que por la noche se reuniría con ellos. El convoy se puso en marcha rápidamente.
Cincuenta húsares marchaban á vanguardia; después cien infantes; en medio de ellos el coronel en su camilla, y á retaguardia los gendarmes y dragones salvados del desastre de Hontoria.
El cirujano don Juan Perote iba á caballo al lado del herido.
Llegó la columna á Vadocondes y se le reunieron los cincuenta soldados de infantería que guardaban el puente.
Aseguraron éstos no había novedad por los contornos; se dió un refrigerio de pan y vino á los granjeros y á la tropa, y se dispuso seguir adelante.
El comandante del convoy ordenó á un pelotón de húsares, al mando de un sargento, se adelantara hasta Fresnillo de las Dueñas y se enteraran de si el camino estaba libre.
Pronto volvieron dos jinetes á decir que no se advertía nada sospechoso.
Siguió el convoy á Fresnillo, y desde aquí mandó Bontemps un parte á Courtois preguntándole si pasaba algo.