Courtois contestó diciendo: «No hay novedad en la villa; se ignora el paradero de Merino; han desaparecido las avanzadas enemigas de Quemada y Zazuar. Podéis avanzar».
En vista de estas noticias, continuó el convoy su marcha, y al amanecer llegaban los franceses á las puertas de Aranda. Courtois les esperaba en la cabeza del puente con parte de la guarnición.
Entraron las fuerzas en la villa, llevaron al herido á casa de don Gabino Verdugo, una de las personas más importantes de la población, y le subieron en la camilla al cuarto dispuesto para él.
Bremond mandó se repartiese su dinero entre los granjeros que le habían llevado. Bontemps y los soldados fueron á sus respectivos cuarteles.
Al día siguiente el cirujano Perote, acompañado de un médico francés de regimiento, visitó al coronel, sondaron entre los dos la herida y extrajeron la bala.
Los facultativos aseguraron que antes de un mes el coronel se hallaría completamente bien y podría montar á caballo.