Merino envió cincuenta hombres del Jabalí á que se acercaran al pueblo y avanzaran por el puente. Poco después salieron á su encuentro cien infantes y cincuenta caballos de la guarnición francesa.

Merino, que creyó que los imperiales no tenían más fuerza que aquélla, dispuso que sus quinientos hombres atacaran el pueblo. Efectivamente; hicimos retroceder á los franceses y nos metimos en Covarrubias; pero no habíamos hecho más que entrar, cuando nos vimos envueltos en una lluvia de balas.

Hubo que salir más que al paso fuera del pueblo.

Llegamos en la retirada al puente, y allí pudimos defendernos un momento, resistir el choque de los franceses y dar tiempo á que los nuestros tomaran posiciones.

Los franceses nos atacaban con una furia terrible. Eran unos seiscientos infantes y más de doscientos caballos.

Ya á campo abierto, la retirada nuestra se efectuó con gran orden, por compañías y grupos, y al llegar al monte nos dimos por salvados.

En las tres horas de persecución que tuvimos perdimos poca gente para lo que se hubiera podido calcular.

La partida se batió con una pericia y una serenidad asombrosas.

De Covarrubias, pasando por cerca de Santo Domingo de Silos, llegamos de noche á Arauzo de Miel, donde nos detuvimos á descansar, considerándonos seguros.

No habíamos hecho mas que repartirnos en las casas, disponer la guardia y echarnos á dormir, cuando nos encontramos cercados por los franceses.