—¿Y es?
—Que he sido empleado en la secretaría de la Junta Central de Sevilla y encargado del despacho de los asuntos políticos de Castilla la Vieja.
—¿De verdad?
—Sí, señor.
—Siéntese usted. Ahora cuénteme usted lo que sepa de ese asunto.
El abogado don Tomás explicó al general cómo recibían en Sevilla las comunicaciones de don Fernando el director; añadió que éste era el verdadero organizador de las guerrillas, y que todas las principales operaciones llevadas á cabo por Merino habían sido preparadas desde Burgos.
—¿Usted tendría inconveniente en ponerme esos datos en un escrito con su firma?—preguntó Dorsenne.
—Ninguno.
—Lo malo es que nos van á faltar pruebas terminantes. Las declaraciones de Bremond son indicios; las de usted serían terribles si hubiera algo que las comprobara.
—Yo creo que si se registran los papeles de don Fernando se han de encontrar pruebas.