—Pues se registrarán. ¿Usted es abogado?
—Sí, mi general.
—¿No tiene usted destino por ahora?
—Ninguno, mi general.
—¿Qué clase de destino querría usted?
—Yo, en la judicatura... ó en la hacienda de su majestad católica José Napoleón.
—Está bien. Se le tendrá á usted en cuenta, y si los hechos se comprueban, se le dará un buen premio.
LA PRISIÓN DEL DIRECTOR
El mismo día el abogado llevó la delación escrita y firmada, é inmediatamente el conde de Dorsenne mandó que un pelotón de gendarmes, en unión de tres oficiales y de un comisario de policía español, fueran á la calle de la Calera, á casa de don Fernando García y Zamora, á arrestarle.
Después de arrestado é incomunicado en un cuarto de su casa, los oficiales y el comisario de policía sellaron todos los papeles, quedando los gendarmes custodiando al preso.