Cuando el coche y la escolta entraron en el pueblo nos acercamos entre un grupo de curiosos.
No llevaron al director á la cárcel, sino á una posada próxima al puente, la posada del Riojano.
Al ver dónde entraban, yo me metí en el zaguán me dirigí al posadero y le dije que pusieran cena para un amigo y para mí.
El posadero me miró con atención y me dijo:
—Está bien. Se les pondrá la cena.
El director nos había visto entre el grupo de curiosos y debía estar anhelante.
Salí yo del zaguán, me reuní con Lara y le dije que él se quedara en la calle, frente á la casa, y yo iría por la parte de atrás de la posada.
Mi objeto era ver si por la luz podíamos comprender en qué cuarto alojaban al director.
Yo di un rodeo grande para colocarme en la parte de atrás de la posada del Riojano. Daba ésta á una huerta y tenía dos galerías, una encima de otra, con una magnífica parra.