Estuvimos atentos á las idas y venidas del posadero, y en el instante en que éste ponía en una bandeja unos racimos de uvas, yo saqué las dos nueces del bolsillo y las dejé encima. El hombre me hizo un guiño, como diciendo: «Está entendido», y subió al cuarto del preso. Lara y yo pagamos nuestro gasto y salimos á la calle.
VII
MAC-BEN-AC
Fuimos Lara y yo dando la vuelta hasta colocarnos en la parte de atrás de la posada del Riojano.
Yo hubiera querido que Lara quedase al lado de la tapia de la huerta con nuestros dos caballos; pero era imposible, porque de cuando en cuando pasaban patrullas de caballería francesa que rondaban los alrededores. Dimos vuelta á toda la tapia de la huerta y encontramos que tenía una puertecilla.
—Vamos á ver una cosa—le dije á Lara.
—¿Qué?
—Voy á ver si se puede abrir por dentro esta puertecilla de la huerta.
Apoyándome en las manos juntas de Lara, y luego en sus hombros, escalé la tapia de la huerta y bajé, agarrándome á las ramas de un árbol frutal, al suelo. La puertecilla de la huerta tenía una llave un poco mohosa, pero pude abrirla.