—¿Cuál es tu palabra masónica?

—Mac-Ben-Ac—contesté yo.

Esta era nuestra contraseña en la logia de Bayona.

El comandante pareció quedar satisfecho de mi contestación.

Yo empecé á explicar lo que había hecho; por qué intenté libertar al preso; dije cómo éste había sido absuelto por un tribunal militar...

—No necesito explicaciones, hermano—replicó el comandante, con asombro mío—. Vamos, ven conmigo.

¿Adónde me llevará este hombre?—pensé yo.

Salimos á la calle, pasamos el puente y llegamos cerca del parador del Espíritu Santo.

—No intentes nada—me dijo el oficial—. Sería inútil. Se va á aumentar la escolta del preso y á redoblar la vigilancia.

—No pienso intentar nada—repliqué yo.