—¿De manera que no sabemos por cuál decidirnos?—dije yo en broma.
—No lo sabemos—agregó él—, y es una preocupación. El que debe estar en un gran compromiso debe ser Dios.
—¿Por?
—¡Hombre, porque ha bendecido por un cura suyo las banderas de los fernandinos y de los josefinos! ¿Qué hace ahora? ¿Por quién se decide? No puede desear decentemente el triunfo de los unos ni de los otros.
—Debe estar perplejo—dije yo, siguiendo la broma.
—De todas maneras, ganen unos ó ganen los otros, siempre habrá misas, Te Deum y acciones de gracias en Madrid ó en Cádiz, y los bolsillos de los obispos se llenarán. Para el Ser Supremo, unas cuantas leguas de distancia debe ser poca cosa; y como el buen señor está tan viejo, es posible que no distinga las funciones religiosas de los unos de las de los otros.
MARCHENA
El que dijo esto era un enano extravagante que se acercó á la mesa, apoyando las manos en ella.
Eguía le saludó con efusión.
Yo miré con curiosidad á aquel tipo raro.