Todas estas luchas eran síntoma de la fermentación que comenzaba á obrar enérgicamente en la sociedad española.
Hoy, mirándolo á distancia, se comprende que así debía ser; pero, de cerca, aquel desbarajuste era desagradable.
En la logia Estrella se discutieron varios proyectos para después de aprobada la Constitución.
El mío—yo también presenté el mío—consistía en comprometer á todos los generales afectos á la Constitución y en influir para destinarlos á Andalucía; y en el caso de que se acabara la guerra con la victoria de España, como era lo más probable, llevarlos á Cádiz con sus tropas, convertir las Cortes en una Convención y, si Fernando se mostraba hostil á ella, proclamar la República.
Mi proyecto, que á mí me parecía magnífico, se encontró irrealizable.
En vista de que no se podía hacer mas que hablar, decidí marcharme.
Me despedí de los hermanos masones y les di mis señas en la partida de Merino.
Van-Halen me expresó su deseo de abandonar á los franceses; yo le dije que viniera con nosotros; pero la perspectiva de entrar en una partida de fanáticos, capitaneada por un cura, no le parecía, por lo que me dijo, muy halagüeña.