IV
DE VUELTA

A los pocos días de estancia en Madrid, Lara y yo, cansados de hablar, discutir y perorar, nos hallábamos deseosos de marcharnos. Un desorden y un desbarajuste tan grandes como el que se notaba en Madrid, nos causaba más impresión por la costumbre de vivir disciplinados.

Antes de transcurrida una quincena, Lara y yo estábamos en marcha.

Como había tanta tropa francesa por el camino de Francia y podíamos toparnos con gente más desconfiada que el oficial francés á quien encontramos cerca de Burgos, decidimos ir en galera por Guadalajara á coger Sigüenza, después Almazán é internarnos en Soria.

Yo llevaba una carta del barón de Tinán para el Empecinado.

Llegamos á Guadalajara con pasaportes del rey José, y al salir de esta ciudad rompimos los papeles y nos dirigimos á una villa próxima, Gascueña ó Caspueña, pues de las dos maneras se le llama.

Íbamos marchando á pie, cuando nos dieron el alto cuatro guerrilleros de á caballo.

Les explicamos quiénes éramos y que llevábamos una carta para el Empecinado.

Uno de ellos nos dijo:

—A ver la carta.