—Pues nada, iré yo.

Recomendé á doña Luisa que no hablara del proyecto á mi familia.

Al cabo de una semana, doña Luisa me llamó y me dijo que, respecto á mi rehabilitación como oficial, no se podía conseguir nada, á no ser que Merino diera un informe favorable, cosa imposible; lo único que pudo conseguir es que libraran á mi nombre un certificado de haber servido como voluntario en las guerrillas españolas.

Esto había que darlo por terminado. Doña Luisa me indicó que unos días después tendría el dinero suficiente para el viaje.

Hice mis preparativos, dije en casa que me llamaban de nuevo del escuadrón, y con la bolsa bien repleta me puse en camino de Francia.

FIN DEL ESCUADRÓN DEL BRIGANTE

Madrid, Junio 1913.


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