—Sí, estoy bien.
—¿No quiere usted que le mande un médico?
—No; ya, ¿para qué?
—Bueno, pues entonces—concluyó diciendo—déjenme ustedes sus nombres y sus señas, y la semana que viene yo les avisaré. Va á venir un delegado de la Nueva Junta Central desde Sevilla para organizar la resistencia.
Como el padre Pajarero, en su nota al director, había puesto los nombres con que figurábamos en los pasaportes, seguimos llamándonos: Ganisch, Garmendia, y yo, Echegaray.
—Ahora, ¿dónde van ustedes á dormir?
—El padre Pajarero nos ha dicho que vayamos al convento de la Merced.
—¿Saben ustedes dónde está?
—Sí, creo que lo encontraremos.