Esta partida podía ser el núcleo de otra mayor. La cuestión era engrosarla y aguerrirla todo lo posible.

—Yo supongo que el cura de Villoviado no se opondrá—dijo el director.

—¡Qué se va á oponer!—exclamó el deán.

—Es que estos curas de pueblo son muy cerriles, y si teme que alguien le quite el mando es capaz de decir que no.

—Entonces yo, como abad mitrado de la Colegiata de Lerma y superior jerárquico, le ordenaré lo que deba hacer—dijo don Benito.

—¿Por qué no tienen ustedes una conferencia con él?—pregunté yo.

—Es buena idea—dijo el director—. ¿No le parece á usted, deán?

—Muy bien. ¿En dónde podríamos vernos?

—En algún convento—dije yo; porque como todo se trataba entre curas y frailes, me parecía el lugar más á propósito.

—¡En qué convento podría ser!—exclamó el deán.