EL CUADERNO DE AVIRANETA

Lo buscó entre los papeles y apareció pronto. Con él en la mano me despedí de don Eugenio, dándole las buenas noches.

Subí las escaleras; yo vivía en el piso alto de la misma fonda de Francia; entré en mi cuarto y encendí el quinqué.

Me ocupaba entonces tomando apuntes para dos libros que escribí después, y que al último, por influencia de mi sobrina, aconsejada por el párroco de Lúzaro, y con gran dolor de mi corazón, he dejado quemar. Estos libros se titulaban: «Los antecedentes vascos del maquiavelismo, estudiados y recogidos en los hechos y en la política de los secretarios vascongados de Fernando el Católico», y el «Paralelo de César Borgia é Ignacio de Loyola».

Recogí, al llegar á mi cuarto, los papeles de la mesa, y abrí el cuaderno de mi maestro.

Aviraneta tenía una letra española angulosa y clara.

La relación de su vida de guerrillero era bastante detallada, con fechas, datos y nombres de personas; pero no se contaban en ella intimidades de esas que caracterizan mejor que nada la manera de ser de un hombre.

Verdad es que Aviraneta, que manifestaba cierto cinismo en cuanto se refería á la vida pública, tenía un gran pudor en lo tocante á la vida privada.

Me pareció; después me han dicho, que, aunque no hombre de gran inteligencia ni de cultura, he tenido sagacidad diplomática; me pareció—hay que sentirse un poco orador—que, al no hablar don Eugenio apenas de su vida íntima, ocultaba algo.