Supuse que serían rivalidades, amores ó algún otro sentimiento muy personal.

Más bien me inclinaba á sospechar de un motivo amoroso, porque Aviraneta tenía siempre gran pulcritud en tales asuntos y le molestaban las historias pornográficas y los cuentos de cuerpo de guardia. Esta reserva le quedaba, sin duda, de su condición de vascongado.

Realmente, por muy patriota y guerrillero que se sea, no se vive una larga temporada pensando únicamente en combates y en emboscadas; hay siempre lugar para otras preocupaciones y sentimientos. El verle en su narración á don Eugenio guerrillero exclusivamente, me hizo pensar en lo incompleto ó fragmentario de su relato.

Supuse que, al fijar los acontecimientos de aquella época, Aviraneta había escrito la parte de vida pública escamoteando lo más íntimo y personal.

Como mis quehaceres por entonces no eran grandes y seguía lloviendo, me entretuve los días siguientes en copiar el cuaderno de Aviraneta.

La narración resultaba algo fría y descolorida, con detalles pueriles, sobre todo, acerca de caballos; preocupación absurda en un conspirador, pero explicable en un antiguo oficial de caballería.

Iba concluyendo la tarea de la copia, cuando encontré, después de unas páginas en blanco, otras quince ó veinte escritas y fechadas en la Cárcel de Corte, con el título: La Evasión.

Se narraba en estas cuartillas una escena de novela quizá inspirada en la realidad. Me chocó que Aviraneta hubiese intentado dar á un escrito suyo carácter novelesco, porque no tenía condición literaria alguna; pero lo expliqué suponiendo que en la soledad de la cárcel se habría distraído así.

CONVERSACIÓN CON GANISCH EN EL «GLOBULILLO»

Se encontraban las memorias en un estado embrionario, cuando, unas semanas después de comenzar á copiar el cuaderno, don Eugenio me envió á San Sebastián con una carta y un recado para el secretario del Ayuntamiento, don Lorenzo de Alzate.