Entonces se me figuraba un tigre.

Era Juan valiente hasta la temeridad; amigo de exponerse y de andar á cuchilladas.

A pesar de su acometimiento, era también muy zorro, muy sabio á su modo, y de muchos refranes.

SILUETAS DE GUERRILLEROS

El Brigante tenía cuatro ó cinco especialistas, de los que se guiaba. Para conocer el tiempo no había otro como el Abuelo; para distinguir el terreno, el más inteligente era el Apañado; para preparar una emboscada, ninguno como el Tobalos.

El Tobalos era un hombre pequeño, acartonado, de unos cincuenta años, rubio, con esa tez del castellano que toma el color de la tierra. Su cara impasible no temblaba ni se estremecía jamás.

Andaba siempre á caballo, por lo que tenía las piernas como dos paréntesis.

Valiente era como el mismo diablo. Así como el Brigante parecía un tigre, el Tobalos tenía algo del azor.

Para una descubierta audaz, para una emboscada atrevida, ninguno como él.

El Tobalos era muy silencioso; todos sus comentarios debían ser interiores. Cuando el Brigante le preguntaba algo, contestaba con monosílabos ó moviendo la cabeza.