Al mismo tiempo que yo fueron presos varios otros individuos que formaban parte de la Isabelina: Nogueras, Beraza, Calvo de Rozas, Olavarría, Romero Alpuente, Espronceda, García Villalta. Todos ellos ingresaron en la Cárcel de Corte. En provincias se hicieron también muchas prisiones.

A las dos o tres semanas no quedábamos allí mas que Beraza, Romero Alpuente y yo. Beraza no sé cómo se las arregló para salir pronto.

Espronceda y García Villalta, a pesar de su fachenda byroniana, cantaron la palinodia de una manera humilde, y se les sacó de la prisión y se les llevó desterrados a Badajoz.

Me quedé con el compañero peor, Romero Alpuente, viejo decrépito y sin ánimo.

Romero Alpuente se quejaba de la Soledad, de la tristeza, de la falta de aseo y de los parásitos de la cárcel; después, cuando invadió el cólera la prisión, el pobre hombre se pasaba la vida en la cama escribiendo memoriales a la Reina.


II.
SOLO

Desgracia al hombre solo.

El Eclesiastés.

Poco a poco todos los complicados en aquella causa, por entonces célebre, quedaron libres. Yo solo permanecí en la cárcel vigilado estrechamente durante meses y meses, hasta que pude escapar, gracias a un pronunciamiento.