Se habló de las citas, en la Granja de Quitapesares, entre María Cristina y el guardia de Corps; se habló de la tía Eusebia, del estanquero de Tarancón, de la niña Gertrudis Magna Victoria, que, según los chuscos, podía poner con el tiempo en su escudo los lirios de los Borbones al lado de las cajetillas de tabaco de los Muñoces.

Se contó que estando de caza en el Pardo María Cristina con la Corte, la Reina le dijo a Muñoz, al ver saltar una pieza: «Para ti, Muñoz»; y que él contestó: «No; para ti, Cristina».

Se contó también que se había reunido el Gabinete con el objeto de discutir la cuestión de los amores de la Reina, y se habló en broma de lo que habían aconsejado los unos y los otros. Se decía que los más conspicuos del partido moderado estaban de acuerdo en aconsejar moderación a aquella italiana, ardiente y fogosa.

Martínez de la Rosa decía que Zarco del Valle, como militar galante, era el más a propósito para llevar a buen término, y de una manera delicada, esta gestión de índole moderada; Toreno aseguraba que Garelly era el más insinuante y jesuítico, y Garelly objetaba que el más indicado de todos era el duque de Rivas, puesto que podía dar a la observación un aire de poesía y de lirismo.


III.
LA CÁRCEL

Allí están los alegres y los tristes; allí hay hombres muriendo; allí hay hombres nacidos, hay hombres orando; al lado de un tabique de ladrillo hay hombres maldiciendo, y, en torno de todos ellos, está la noche inmensa y vacía.

Carlyle: Sartor Resartus.

La Cárcel de Corte de Madrid estaba formada, en parte, por ese edificio de la plaza de Santa Cruz, que luego ha sido Ministerio de Ultramar, y, en parte, por otro, anejo a él, que fué en tiempo pasado hospedería de los Padres del Salvador.

La Cárcel de Corte, con sus dos cuerpos, formaba un paralelogramo largo y estrecho. Los lados cortos los componían: uno, la fachada de la plaza de Santa Cruz, en donde había entonces una fuente, la fuente de Orfeo, y el otro, varias casuchas que daban a la calle de la Concepción Jerónima. Por los lados largos pasaban, casi paralelas, la calle del Salvador y la de Santo Tomás.