Gasparito el remendón era liberal, pequeño, rubio, muy leído, amigo del hijo del librero de viejo de la calle de la Paz, y se mostraba como hombre de buena fe y de buenas intenciones.

Yo tomé bajo mi protección a Gasparito y quise proteger también a Adán, aunque veía que a un muchacho, sin experiencia como aquél, metido en el segundo patio, entre ladrones, la corrupción de la cárcel le había de contagiar rápidamente. El padre Anselmo creyó también que con sus sermones apartaría al mozo del mal camino; pero Adán se reía de él.


II.
LA CUADRILLA DEL FORTUNA

¿Es posible—dijo Andrenio—, que jamás nos hemos de ver libres de monstruos ni de fieras, que toda la vida ha de ser arma?

Gracián: El Criticón.

Los presos del segundo patio se dividían para comer en cuadrillas, que llevaban el nombre del que las dirigía. Adán fué a parar a la cuadrilla del Fortuna. El Fortuna era un matón de casa de juego que tenía gran influencia.

El Fortuna era un hombre fuerte, atrevido, moreno, de bigote, con un lunar en la mejilla, tipo desvergonzado y cínico. Cobraba el barato en la cárcel; pero no era un valiente de verdad. Era de los que allí, en el segundo patio, se decía que madrugaban. No afrontaba con calma, sereno y tranquilo, las situaciones difíciles; sino que las capeaba. Eso sí, tenía indudablemente el hábito de la audacia.

Al Fortuna le habían preso por matar a traición a un hombre. Afiliado en la cárcel al grupo de los absolutistas, era de nuestros enemigos más acérrimos. Sin duda, el encontrar nuestra gente menos terne, menos enérgica, que los absolutistas, le había dado una gran hostilidad contra ella.

A mí me tenía mucho odio; una vez, en el segundo patio, se echó encima de mí; pero yo le di con toda mi fuerza un puñetazo en un costado que lo dejé sin aliento.