¡La unción! ¡Favor! ¡Me han herido!

Espronceda: El Diablo mundo.

Gasparito, el zapatero, había querido preservar de la corrupción del ambiente a su amigo Andrés, a quien nosotros, y en toda la cárcel, llamábamos Adán.

Quiso enseñarle a leer y escribir; pero el Fortuna, unido con Pérez de Bustamante, Doña Paquita y Cadedis, estaban empeñados en estorbar los proyectos de Gasparito.

Durante algún tiempo se entabló una lucha de influencias para captar la simpatía de Adán.

Gasparito le dejaba libros y periódicos, le daba algún dinero, hacía que Andrés viniera a verme; por su parte, el Fortuna le daba cigarros, le enseñaba a jugar a las cartas, a hacer pillerías y a tirar la navaja.

El matón le decía al muchacho:

«Fortuna te dé Dios, hijo, que el saber poco, te basta».

El Pinturas le explicaba procedimientos de falsificación, y Pérez de Bustamante, las intrigas y enredos donde se había metido.