Me dijo que muy pocas veces había pensado en aquel bruto a quien había matado, y, al parecer, recordaba el suceso sin remordimiento.

Adán, al salir de la cárcel, se hizo un criminal completo, y debió acabar su vida en presidio.

Itzea, diciembre, 1920.


MI DESQUITE

Todo esto es salud, y otro tanto ingenio.

Quevedo: El Buscón.

Durante mucho tiempo, no pudimos luchar con los presos carlistas. En el cuarto del abogado Selva, el mejor de todos de la Cárcel de Corte, se reunían cuatro o cinco frailes, dos o tres curas y otros tantos guerrilleros, y en esta Junta apostólica se tomaban acuerdos que don Paco, el alcaide, seguía al pie de la letra.

La Junta de Selva se erigió en soberana de la cárcel: ella decidía lo que se había de hacer; quién debía estar castigado; quién, no; quién debía ser tratado con benevolencia, y quién con severidad.

—Yo, por entonces, tenía asegurada la comunicación con los de fuera, y mis amigos de la Isabelina me mandaban cartas y papeles y me indicaban el giro que iban tomando los asuntos políticos.