Con razón o sin ella, conseguimos vernos libres de la dictadura de los carlistas.
Yo quise influír en Cortázar para que dejara libre al padre Anselmo; pero el cura estaba pendiente de la causa y no se le podía libertar.
Como la vida en la cárcel para nosotros se hizo más llevadera, yo comencé a recibir visitas de los antiguos afiliados a la Isabelina, que podían hablarme con completa libertad. La opinión de la gente reaccionó a mi favor, y todo el mundo decía que era un absurdo que permaneciera preso por una conspiración que no había existido nunca. Yo me hacía la víctima y esperaba el desquite.
Unos días después supe que en un movimiento revolucionario que estalló por entonces en Barcelona y que costó la vida al general Bassa, habían destituído del cargo, que le dieron meses antes, a mi denunciador Civat.
Poco después, Martínez de la Rosa salía del Gobierno. Yo me consideraba vengado, pero me faltaba conseguir mi libertad.
I.
PLAN DEL PRONUNCIAMIENTO
Yo pienso, pues, que vale más ser impetuoso que circunspecto, porque la fortuna es mujer, y para subyugarla es mejor batirla y atropellarla, porque se deja más bien vencer por los audaces que por los que obran fríamente.
Maquiavelo: El Príncipe.
Lo que tengo que contar ahora no es ninguna novedad para ti—me dijo Aviraneta—, porque pertenece en parte a la historia del tiempo.