AVISO A LOS ISABELINOS

Se avisará a las centurias de la Isabelina para que asistan el día 15 de agosto, día de la Asunción, a la corrida de toros. A la salida rodearán al piquete de la Guardia Urbana y provocarán todo el escándalo posible. Se alarmará al vecindario.

AVISO A LOS DIPUTADOS

Inmediatamente se avisará a los diputados liberales para que vayan a la Plaza Mayor y formen una Junta de Gobierno.

DISPOSICIONES INMEDIATAS

Si las tropas del Gobierno no se oponen, la Milicia se apoderará lo más rápidamente posible de la casa de Oñate, en la calle Mayor, de la Imprenta Real y del Principal.

Se fueron los militares y yo me quedé en la cárcel. Aquellos días estuve leyendo el Diablo Cojuelo, de Vélez de Guevara, que me prestó un preso, y pensando en la idea original del autor.

La tarde y la noche del 15 de agosto las pasé en una gran angustia. Al anochecer me pareció oír desde mi cuarto gritos y ruido de tambores; luego cesó todo rumor y volvió el silencio. Cuando a las diez de la noche vi que no venía nadie a buscarme, creí que el pronunciamiento habría fracasado. Yo pensaba—y en estas cosas se equivoca uno siempre—que podía fracasar el movimiento; lo que no se me ocurría es que, después de hecho con éxito, mis amigos no vinieran en seguida a sacarme de la cárcel. Sin embargo, así fué. Un pelotón de milicianos, pertenecientes a la Isabelina, quisieron venir; pero los centinelas no les dejaron pasar. Otros me dijeron que no habían ido a la cárcel por no molestarme. ¡Por no molestar a un preso retardar su libertad! ¡y retardarla creyéndolo necesario! ¡Qué absurdo!

Al día siguiente, domingo, a las nueve de la mañana, vinieron a buscarme a la Cárcel de Corte.