Le citó en el café del Príncipe, a las ocho de la noche. Estaba esperando el ex fraile, cuando se presentaron Gamboa y Aviraneta.

—¿Qué hace usted?—le preguntó Chamizo a don Eugenio, porque hacía días que no le veía.

—Ya no vivo con mi hermana.

—¿No? ¿Por qué?

—He tenido que largarme de allá, porque la policía de Zea Bermúdez ha empezado a molestarme.

—¿Y dónde vive usted ahora?

—Estoy con una familia amiga. Ya le diré el sistema que tengo para comunicarme con la gente, porque apenas salgo a la calle.

Estuvieron un rato en el café, y fueron después a una casa grande de la calle de Trujillos, en el barrio de las Descalzas, donde vivía doña Celia.

Don Narciso y Celia se habían instalado en Madrid con verdadero lujo. De su estancia en el extranjero habían traído hábitos de confort, apenas conocidos en la corte mas que por gente muy rica.