El padre Chamizo y el cura Mansilla negaron la certeza de esta máxima, y Ronchi gritó:

—Pruebas, pruebas. ¿Quién de ustedes quiere que le examine la cabeza? A las damas no les hago el ofrecimiento. Sería un poco duro para mi encontrarles la prominencia del amor físico o de la infidelidad, y denunciarlo ante el público.

—Vamos a ver—dijo Gamboa—. Ahí va mi cabeza.

Ronchi palpó la cabeza del oficial y dijo:

—Prominencia del cerebelo, grande...; hay sentido del amor y de la reproducción; el órgano del afecto y de la amistad, bien desarrollado; el del valor y el orgullo, también... Esta no es una cabeza filosófica..., pero hay sentido artístico.

—Está bien—dijeron todos.

Gamboa se rió, porque Ronchi le conocía y obraba sobre seguro.

—A ver Aviraneta. Aviraneta debe tener una cabeza curiosa para un frenólogo—indicó Gamboa.

—¡Aviraneta! ¡Aviraneta!—dijeron todos.