—Cómo se nota aquí al sabio don Venancio—dijo Gamboa.

—¡Bah! Ríase usted. El sabio no necesita de tanto papel. Esto es un vicio.

Chamizo desocupó el sillón, lleno de libros, para que se sentara Gamboa, y él se sentó en la cama.

—¿Usted no ha oído hablar de una intriga palaciega, de la cual es el centro el infante don Francisco?—preguntó Gamboa.

—No.

—Pues varios caballeros y damas de Palacio han tenido la idea de asociar a la infanta Luisa Carlota y a su marido don Francisco a la regencia de España.

—¿Y para qué? ¿Con qué objeto?—preguntó Chamizo.

—El motivo principal es que la reina está enamorada de Muñoz.

—Eso se dice.