—Ninguno utilitario. Tener un compañero de viaje en la diligencia y en Barcelona para charlar con él. Usted es un hombre ameno.

—Bien; pero yo no estoy más de una semana en Barcelona.

—No llegaremos a tanto.

Dijo Aviraneta que se marchaba al café del Príncipe, donde estaba citado con un palaciego para volver a Palacio a verse de nuevo con don Francisco de Paula.

—Ya se nota que está usted orgulloso—le dijo Chamizo—; así son los revolucionarios de vanos y de majaderos.

—Pues figúrese usted cómo estaría si fuera fraile—contestó Aviraneta.

Se dirigieron ambos al café del Príncipe y se sentaron delante del cristal.

Al poco tiempo apareció el señor García Alonso. Tomaron café y el palaciego y Aviraneta se levantaron.

—Espéreme usted aquí una hora, don Venancio—dijo don Eugenio.

Salieron los dos a la calle y entraron en una elegante berlina.