—Tengo un paraguas grande. Se lo prestaré. Pueden ustedes ir a Madrid.
—¿A cuánta distancia estaremos?
—A media legua o a tres cuartos de legua del Puente de Toledo.
Abrió el paraguas Luna, que era de esos rojos y grandes, y Aviraneta a un lado y el ex claustrado al otro, fueron marchando por la carretera.
Al llegar frente a un corral con una casucha blanca, se detuvieron.
Se oía el rasguear de una guitarra. Luna y sus acompañantes escucharon.
Una voz cantó:
No camelo ser erai,
que es caló mi nasimiento.