IV.
CANDELAS EN EL MESÓN DEL CUCO
Tomó la calesa la dirección de Valdemoro y llegaron los viajeros a este pueblo con grandes fatigas, porque el camino se hallaba hecho un lodazal. Entre Pinto y Valdemoro pasaron grandes apuros y tuvieron que saltar muchas veces al suelo para desatrancar las ruedas. En Pinto cenaron y se dirigieron a Villaverde. Cruzaron la aldea y siguieron hacia Madrid.
Ya parecía que terminaban el viaje con bien cuando el carricoche se paró.
—¿Qué pasa?—dijo Luna.
—Na, que se nos han roto las correas—dijo el Lince.
—¿Hay que componerlas?
—¡Esto no lo compone ni Dios! ¡Maldita sea mi estampa! ¡Parece que no ha llovido nunca! Voy a meter la yegua y el birlocho en este cobertizo.
—¿Y nosotros, qué hacemos?