—Me parece muy bien.

—Usted es un hombre que me conviene, decidido, ambicioso y enérgico. Nos ayudaremos mutuamente y escalaremos las más altas posiciones.

—Nada; cuente usted conmigo.

—¿Este cura Mansilla, querría formar parte de nuestro primer triángulo?

—Ya lo creo.

—Nos vendría muy bien un auxiliar en el Clero. Hay que tener todas las puertas abiertas. Si no se puede la llave, emplearemos la palanqueta.

—Estamos de acuerdo.

—¿Así que usted cree que podemos constituír el triángulo?

—Nada, está constituído.

—Muy bien; entonces lo formaremos usted, él y yo. Usted el número uno, Mansilla el dos, yo el tres.