—¡Mueran los carlistas! ¡Mueran los frailes!

—Nos están ustedes dando un trágala—le dijo Chamizo a Aviraneta.

—Esto va de broma.

Lo cierto fué que no pasó nada de particular.

El mes de septiembre se agravó la enfermedad del rey y se temió por instantes por su vida. El 29 del mismo mes declararon los médicos de cámara que su estado era muy grave.

Tenía Aviraneta en Palacio un amigo que le daba noticias del curso de la enfermedad del monarca. Era éste Fidalgo, hermano de dos camaristas de la reina, llamadas Blanca y Estrella, que tenían relaciones con dos oficiales, el capitán Messina y el teniente Pierrard.

Aviraneta recibió una mañana el aviso de Fidalgo, diciéndole que el rey estaba en la agonía.

—Voy a casa de los amigos a darles la noticia—le dijo a Chamizo, y le preguntó después—: ¿Usted conoce al capitán Nogueras?

—Sí.

—Pues vaya usted a su casa, a la calle de Toledo, esquina a la de las Maldonadas, y dígale lo que ocurre. A él le interesa mucho, por estar esperando el destino...