—Nada.
—Entonces, en marcha.
Fueron los dos grupos hacia la calle del Arenal.
Al llegar a la esquina oyeron el ruido de un coche que venía de prisa por la calle Mayor. Aviraneta y Tilly volvieron hacia él corriendo. El cochero, al ver que se acercaban dos hombres, azotó los caballos y el coche pasó como una exhalación.
—Ha cambiado de camino.
Zea Bermúdez se les escapaba.
Se avisó a los dos grupos y la gente se marchó cada cual a su casa.