—¡Qué voy á hacer!

—Bien hecho—gritó Jesús—; deja á los amos...; que les sirva su señora mamá... ¡Mueran los burgueses!

—Calla—exclamó Manuel—; van á venir los guardias.

—Que vengan... Yo me río de los guardias municipales..., y de los guardias civiles... y de los guardias de orden público... Y yo le digo á esta mujer que es un cachito de gloria, que hace bien en ir á los Cuatro Caminos... con el sargento, con el soldado ó con quien le dé la gana... Todos somos libres. Pues ¡qué!, ¿las amas no tienen también sus líos?... ¿Verdad, corazón?

—Ya lo creo.

La muchacha cogió estrechamente del brazo á Manuel.

—¿Y tú no dices nada?

—Que tienes una espetera, que ya ya.

—Mientras más gracia dé Dios, ¡mejor!—replicó ella riendo—. ¿Cómo te llamas?

—Manuel.