—Es verdad, de nuestra imprenta. Se me quejaba de que le hacían sin cuidado los libros. Yo conozco, le he dicho, á un impresor nuevo que trabaja bien. Pues dígale usted que venga, me ha contestado.
—¿Y qué hay que hacer?
—Unos libros con grabados, estadísticas y números. ¿Tú podrás tirar grabados?
—Sí; muy bien.
—Pues vete hoy ó mañana á verle.
—Descuide usted; iré. ¡Ya lo creo! Tendré que tomar otro cajista bueno.
—¿Y qué? ¿Trabajas mucho?
—Sí.
—Pero ganas poco.
—Es que como los obreros están asociados, se imponen.