CAPÍTULO IV
El inglés quiere dominar.—Las razas.—Las máquinas.—Buenas ideas, bellos proyectos.
Una tarde lluviosa de Febrero, Manuel había encendido la luz en su despacho de la imprenta, cuando se detuvo un coche á la puerta, y entró Roberto.
—¡Hola! ¿Qué tal estás?
—Bien, ¿y usted?, ¿qué le trae por aquí con un tiempo tan malo?
—Te traigo trabajo.
—¡Hombre!
—He encontrado á mi antiguo editor, y hablando de sus negocios, me he acordado de tu imprenta...
—De nuestra imprenta, querrá usted decir.