El quería que los hombres luchasen para salir del antro obscuro de sus miserias y de sus odios á otras regiones más puras y serenas.

El quería que el Estado desapareciera, porque el Estado no sirve más que para extraer el dinero y la fuerza que él supone, de las manos del trabajador y llevarlo al bolsillo de unos cuantos parásitos.

El quería que desapareciese la ley, porque la ley y el Estado eran la maldición para el individuo, y ambos perpetuaban la iniquidad sobre la tierra.

El quería que desaparecieran el juez, el militar y el cura, cuervos que viven de sangre humana, microbios de la humanidad.

El afirmaba que el hombre es bueno y libre por naturaleza, y que nadie tiene derecho de mandar á otro. El no quería una organización comunista y reglamentada, que fuera enajenando la libertad á los hombres, sino la organización libre basada en el parentesco espiritual y en el amor.

El prefería el hambre y la miseria con la libertad á la hartura en la esclavitud.

—Sólo lo libre es hermoso—exclamó y en una divagación pintoresca dijo:—El agua, que corre clara y espumosa en el torrente, es triste y negra en el pantano; al pájaro se le envidia en el aire y se le compadece en la jaula. Nada tan bello como un barco de vela, limpio y preparado para zarpar. Es pez en su casco y pájaro en su arboladura; tiene velas blancas que parecen alas; un bauprés que parece un pico; tiene una aleta larga que se llama quilla y una aleta caudal que es el timón. Es una gaviota que navega; marcha y se le mira con envidia como á un amigo que se va. En cambio, ¡qué triste el barco viejo y desarbolado que ya no puede salir del puerto! Y es que la vejez también es una cadena.

Y Juan siguió hablando así, pasando de un asunto á otro.

El quería que las pasiones, en vez de ser constantemente reprimidas por una férula implacable, fuesen aprovechadas como fuerza de bienestar.

El no veía en la cuestión social una cuestión de jornales, sino una cuestión de dignidad humana; veía en el anarquismo la liberación del hombre.