Entraron los obreros en el cementerio civil, colocaron la caja al borde de la fosa y la rodearon los acompañantes.

Estaba anocheciendo; un rayo de sol se posó un instante sobre la lápida de un mausoleo. Se bajó con cuerdas la caja. El Libertario se acercó, cogió un puñado de tierra y lo echó á la hoya; los demás hicieron lo mismo.

—Habla—le dijo Prats al Libertario.

El Libertario se recogió en sí mismo pensativo. Luego, despacio, con voz apagada y temblorosa, dijo.

—Compañeros: Guardemos en nuestros corazones la memoria del amigo que acabamos de enterrar. Era un hombre, un hombre fuerte con un alma de niño... Pudo alcanzar la gloria de un artista, de un gran artista, y prefirió la gloria de ser humano. Pudo asombrar á los demás, y prefirió ayudarlos... Entre nosotros, llenos de odios, él sólo tuvo cariños; entre nosotros, desalentados, él sólo tuvo esperanzas. Tenía la serenidad de los que han nacido para afrontar las grandes tempestades. Fué un gran corazón, noble y leal... fué un rebelde, porque quiso ser un justo. Conservemos todos en la memoria el recuerdo del amigo que acabamos de enterrar... y nada más. Ahora, compañeros, volvamos á nuestras casas á seguir trabajando.

Los sepultureros comenzaron á echar con presteza paletadas de tierra que sonaron lúgubremente. Los obreros se cubrieron y en silencio fueron saliendo del campo santo. Luego, por grupos, volvieron por la carretera hacia Madrid. Había obscurecido.

FIN

Madrid, Diciembre 1904.

INDICE

Págs.
Anteportada[1]
Obras del mismo autor[2]
Portada[3]
[Prólogo.]—Cómo Juan dejó de ser seminarista[5]
[PRIMERA PARTE]

[Capítulo I.]—El barrio sepulcral.—Divagaciones
trascendentales.—Electricidad y peluquería.—Tipos
raros, buenas personas

[29]

[Cap. II.]—La vida de Manuel.—Las tertulias del
enano.—El señor Canuto y su fraseología

[44]

[Cap. III.]—Los dos hermanos.—Juan charla.—Recuerdos
de hambre y de bohemia

[52]

[Cap. IV.]—El busto de la Salvadora.—Las impresiones
de Kis.—Malas noticias.—La violeta.
No todo es triste en la vida

[65]

[Cap. V.]—A los placeres de Venus.—Un hostelero
poeta.—¡Mátala!—Las mujeres se odian.
Los hombres también

[76]

[Cap. VI.]—Las vagas ambiciones de Manuel.—Las
mujeres mandan.—Roberto.—Se instala
la imprenta

[89]

[Cap. VII.]—El amor y la debilidad.—Las intermitentes
y las golondrinas.—El bautizo de
S. M. Curda I en una imprenta

[98]
[SEGUNDA PARTE]

[Capítulo I.]—Juego de bolos, juego de ideas,
juego de hombres

[109]

[Cap. II.]—El derecho.—La ley.—La esclavitud.
Las vacas.—Los negros.—Los blancos.—Otras
pequeñeces

[128]

[Cap. III.]—No hay que confiar en los relojes ni
en la milicia.—Las mujeres son buenas, aun
las que dicen que son malas.—Los borrachos
y los perros

[139]

[Cap. IV.]—El inglés quiere dominar.—Las razas.—Las
máquinas.—Buenas ideas, bellos
proyectes

[152]

[Cap. V.]—El buen obrero socialista.—Los esparcimientos
de Jesús.—¿Para qué sirven los
muertos?

[161]

[Cap. VI.]—El francés que canta.—El protylo.—Cómo
se llegan á tener las ideas.—Sinfonía
en rojo mayor

[172]

[Cap. VII.]—Un paraíso en un campo santo.—Todo
es uno y lo mismo

[188]

[Cap. VIII.]—Cómo cogieron al Bizco y no vino
la buena.—Nunca viene la buena para los
desdichados

[196]

[Cap. IX.]—La Dama de la Toga Negra.—Los
amigos de la Dama.—El pajecillo, el lindo
pajecillo

[214]
[TERCERA PARTE]

[Capítulo I.]—Las evoluciones del Bolo.—Danton,
Danton, ese era el hombre.—¿Anarquía ó
Socialismo?... lo que gustéis

[227]

[Cap. II.]—Paseo de noche.—Los devotos de
Santa Dinamita.—El cerro del Pimiento

[248]

[Cap. III.]—El mitin en Barbieri.—Un joven de
levita.—La carpintería del arca de Noé.—¡Viva
la literatura!

[264]

[Cap. IV.]—Gente sin hogar.—El Mangue y el
Polaca.—Un vendedor de cerbatanas.—Un
gitano.—El Corbata.—Santa Tecla y su mujer.—La
Filipina.—El oro escondido

[286]

[Cap. V.]—Esnobismo sociológico.—Anarquistas
intelectuales.—Humo

[297]

[Cap. VI.]—Miedos pueriles.—Los hidalgos.—El
hombre de la Puerta del Sol.—El enigma Passalacqua

[309]

[Cap. VII.]—Otra vez Roberto.—La lucha por la
vida.—El regalo del inglés.—El amor

[332]

[Cap. VIII.]—La coronación.—Las que encarecen
los garbanzos.—El final del señor Canuto

[345]

[Cap. IX.]—La noche.—Los cuervos.—Amanece.—Ya
estaba bien.—Habla el Libertario

[356]