—Es que yo soy un hombre que no tiene energía para nada, ¿sabes?, y hago lo que hacen los demás.
—Pues hay que tener energía.
—Sí, eso me dicen todos; pero no la tengo.
Salieron los dos, y fueron á Apolo. No hacía un momento que estaban en el pórtico del teatro, cuando una mujer se acercó á Manuel.
—¡Andala!..., si es Manuel—dijo ella—. ¿Qué es de tu vida?
—Estoy trabajando.
—¿Pero vives en Madrid?
—Sí.
—Pues hace una barbaridad de tiempo que no te veo, chico.