—Viene hacia aquí esa pelandusca—dijo la Ignacia.

—Más te vale ver lo que quiere—añadió la Salvadora con ironía.

Manuel se levantó y salió al corredor.

—¿Qué?—exclamó de un modo agresivo—. ¿Qué hay?

—contestó ella—. ¿Es que no te dejaban esas salir?

—No; es que á mí no me daba la gana.

—¿Quién es esa que está contigo? ¿Tu querida?—y señaló á la Salvadora.

—No.

—¿Tu novia?... Chico, tienes mal gusto. Parece un fideo raido.

—¡Psch! Bueno.